El cáncer es una enfermedad que causa estragos en la población mundial. Desde la oncología se estudian diferentes incidencias en su aparición inicial para poder encontrar la cura a una patología por demás compleja que deja perplejos a los científicos. Dentro del organismo femenino el endometrio tampoco está exento de ésta afección.
El endometrio es un tejido mucoso que reviste la cavidad del útero, esta estructura es de vital importancia en la implantación de la célula huevo (cigoto) en el cuerpo de una mujer luego de haberse producido la fecundación.
Cada vez es más frecuente que este tapiz epitelial sufra alteraciones celulares del tipo cancerosas, es por ello que reconocer sus signos puede incluso salvar vidas.
El cáncer endometrial es una proliferación descontrolada e invasiva de células propias del endometrio que comienzan a formar cúmulos tumorales.
En un principio, la patología se manifiesta en un cambio de tamaño y forma de las células endometriales con una consecuente alteración de la función normal.
Naturalmente este desarrollo anómalo surge por un desequilibrio en los niveles de estrógenos (hormonas sexuales esteroideas), acompañado por una escasa producción de progesterona (otra hormona sexual); provocando así una sobre estimulación del crecimiento de este tejido.
El cáncer endometrial se manifiesta en una serie de síntomas muy fácilmente reconocibles por el paciente. Desde una simple irregularidad en los ciclos menstruales a un sangrado anormal que puede hallarse en momentos que no son esperables.
Como esta enfermedad es más frecuente en mujeres en etapa menopáusica (mayores de 45 años) es probable que un sangrado sea totalmente imprevisible y una clara señal de alarma.
Es importante tener presente que los signos del cáncer a veces ocurren en estadios avanzados del padecimiento, por ello un control médico regular puede ayudar a que un diagnóstico precoz ayude a una eficiente curación.
Para todos los cánceres en general es fundamental tomar acciones profilácticas como evitar la exposición a sustancias carcinogénicas; como las radiaciones x, las radiaciones solares o el humo del cigarrillo, entre otras.
Comer saludablemente frutas y verduras manteniendo un constante equilibrio nutricional, suponen ser las claves para evitar futuros desarrollos cancerígenos en el organismo.