La mayoría de las personas no contemplan aún el verdadero origen de sus males. La salud a menudo pierde su valor esencial y todo parece traer aparejado una causa común que amenaza con apoderarse de mayores víctimas. Las drogas legales serán el principal escollo a vencer en el futuro venidero.
Las drogas legales como el alcohol y el tabaco han hecho estragos en todo el mundo a lo largo del tiempo. Desde la ineficacia de las leyes y la promoción indiscriminada por parte de la publicidad, ambas drogas llegaron a modificar incluso ciertos aspectos culturales en las sociedades occidentales. En tales casos la población joven ha sido la más afectada.
Naturalmente el consumo de alcohol se encuentra tan aceptado que prácticamente no es posible advertir sus terribles consecuencias. Sin embargo pocos conocen que esta droga legal es de alta peligrosidad y que muy posiblemente perjudique la salud a largo plazo. El tabaco por su parte nunca pierde colectividad y su popular aceptación es masiva en ambos sexos y en edades tempranas.
Las adicciones causan entre otras cosas una desvirtualización de la personalidad, que aísla poco a poco al individuo sometiéndolo a una realidad que naturalmente no le pertenece.
En ese momento el sujeto modifica su comportamiento y orienta todas sus energías en continuar con el círculo vicioso que ya había iniciado un tiempo atrás. Con frecuencia, el individuo ni siquiera es capaz de reconocerse como un adicto, lo que lo predispone a no seguir un tratamiento adecuado.
Las drogas licitas estimulantes, incluyendo la cafeína (Provenientes de infusiones como el café, té y yerba mate), causan algún tipo de insomnio y trastorno mental leve. Esta condición, provoca malestar, hiperactividad y apatía; además no solo aumenta las posibilidades de contraer enfermedad cardiaca sino que también afecta las relaciones interpersonales. Es muy importante controlar lo que se consume para asegurar así una mejor calidad de vida.
De esta manera, para prevenir adicciones, lo ideal es eludir toda sustancia estimulante que pueda incidir en el comportamiento o alterar el funcionamiento normal del organismo, evitar las acciones repetitivas o que involucren actos que cambien bruscamente el estado de ánimo y potenciar aquellas otras que no provoquen conmoción y estados de ansiedad.